sábado, 8 de enero de 2011

El Origen


Siempre buscamos la razón de las cosas donde no hay respuestas.
Si analizamos el por qué no somos buenos organizándonos. Trabajando en grupo. Confiando en nuestro compañero. Delegando funciones. Aceptando opiniones. Participando a los demás. Creyendo en nosotros mismos, algo muy importante, yo diría: fundamental.
En fin, tantas premisas, tantas circunstancias que harían de nuestros objetivos, de nuestros emprendimientos un valioso aporte para su éxito...y no las llevamos a cabo. Por qué?.

Se critica al empedrado y no a nuestras propias acciones, por qué es tan común esa posición?

Porque es lo más fácil?...eludir responsabilidades?, porque es menos culpable?..., en definitiva solemos ser individualistas en casi todo y solemos delegar todos nuestros errores y torpes actos en los demás: a nuestros hijos, a nuestros subordinados, etc.

Como ya he dicho antes, las actividades para cambiar la forma de trabajar en asociatividad han sido mal enfocadas y las platas ampliamente derrochadas y esfuerzos perdidos.

También he dicho que el cambio está en nosotros mismos... pero vamos al origen, vamos abriendo esta caja misteriosa donde de una más grande vamos llegando a una más pequeña y una más pequeña y así sucesivamente y llegaremos a un origen que no nos gusta tocar, que le sacamos el quite y no queremos analizar, por distintas razones como costumbres, formación, temor, etc. Vamos al origen de todo este comportamiento nuestro de donde parte el gran freno sicológico de lograr cosas. Los padres.

Sí, es cierto. Podremos pensar que estamos nuevamente echando la culpa a los demás pero es la verdad más grande que puede existir el hecho de que somos como fuimos criados. Somos lo que hemos recibido. Somos producto de la buena, mala, poca o nula educación que hemos recibido.

Sin duda que no analizamos el resultado de ello y prueba de esto es que somos lo que somos pero basta adentrarnos un poco en este misterioso y esquivo mundo de los padres para darnos cuenta que ahí están las respuestas de lo que hemos sido y crecido.

Me causó extrañeza que buscando en google sobre hijos incomprendidos, encontré que todos los enlaces daban a explicaciones hacia los padres del pensar de los hijos, ninguna se enfocaba al sentir real de los jóvenes, de sus aspiraciones, de sus conflictos, de sus sueños, de sus valores, de sus deseos... la mirada era cenital. Era como un gran, sucio y pesado manual de cómo relacionarse con algún ser del espacio, diferente a los demás (cosa que debiera ser valorado), conocer su lenguaje y da instrucciones burdas de cómo relacionarse con este nuevo engendro...

Para los padres:
Las respuestas no están en los libros, no hay recetas con procedimientos rígidos, estandarizados y estudiados...están mucho más cerca, en el corazón, en cómo sentimos nuestra paternidad, en cómo valoramos lo que hemos creado resultado del amor con nuestras parejas o resultado del descuido pero asumido con responsabilidad y con el amor que ese ser necesitará POR EL RESTO DE SU VIDA.

Qué dificil de entender!, más aún cuando vivimos una sociedad acelerada, donde el consumo, el individualismo hedonista, la competencia, la rivalidad, la envidia, el nulo razocinio invade todos los rincones de la ciudad y...nuestras casas.

Qué me puede importar a mi lo complejo o simple que pueda ser la mente de un niño, si no tengo tiempo, si estoy cansado, si estoy estresado, si estoy mal...que mejor se suba al carro solo y agarre lo que pueda o lo que quiera, asi criaré bestias insaciables gozozas de que el mundo es de ellos y nada debieran compartir, egoístas, defensivos, agresivos, inmaduros, irracionales y cero empatía por los demás.

"Nadie nos enseña a ser padres", es la consigna que se escucha a diario...o "No hay escuelas para padres"...también he oído "es que es tan dificil ser padres"...

En gran porcentaje, nosotros decidimos traerlos al mundo. Es cierto. Nada qué decir al respecto.
Nosotros nos hacemos de un miembro más de nuestra especie con mucho de dicha pero mucho más de RESPONSABILIDAD. Actitud que no fue bien enseñada de nuestros propios padres, asi que poco podremos retribuir lo aprendido a los hijos. Seguimos delegando errores y mejor aún...no nos pueden reclamar.

También he escuchado "a mi me enseñaron así y eso aprendí"...

Bueno, si Darwin descubrió la evolución de las especies...dónde está nuestra evolución si pensamos en que debemos hacer y enseñar lo que nos enseñaron a nosotros? Dónde está el filtro de lo que considero correcto de lo aprendido y lo incorrecto? Dónde está mi ingrediente personal que cambiará el orden de la evolución de mis hijos?

Claramente estamos metidos en un problema del porte de un buque al criar hijos. De ello dependerá su evolución positiva, negativa o...nula.

Nos preocupamos del cómo hablarnos?, del proteger pero sin sobreproteger?, del enseñar a hacer pero no hacerle las cosas?... Nosotros como padres debemos ser puertas que muestren parte de la vida y observar con cautela y supervisión el accionar de los pequeños encauzando sus pasos a la observación, la admiración y el aprendizaje de experiencias positivas y negativas que tengan en cada aventura de vida.

Los hijos son una proyección de nosotros en lo físico pero no en lo intelectual y sicológico. Ellos vienen con un mensaje, una predisposición, una misión, muchas veces muy diferente a las nuestras y que es deber de los padres saber desarrollarlas, comprenderlas y admirarlas en todo su esplendor para que el niño de hoy sea una persona realizada en lo espiritual, valórico y humano que debiesemos aspirar toda nuestra raza.

Cuantos padres envían a sus hijos a aprender tenis o futbol para que "ganen plata"...cuántos padres les lavan la cabeza a sus hijos soñadores para que sean "doctores", "ingenieros", "abogados"...para sentirse "exitosos", los padres, por supuesto. Claro!, pero si estamos inculcándoles ejemplos de éxito!, pero si no tienen nada de malo que ejerciten noche y día, que pierdan su adolescencia, que se conviertan en introvertidos, desconectados del mundo real y desarrollen complejas reacciones en situaciones extremas como orinar en público, atropellar mujeres, no tener poder de decisión en la elección de sus parejas y depender de la opinión sacrosanta de sus padres...eso es...éxito?

A alguien le importa hoy en día si ese deportista es exitoso?...claro que sí!, es exitoso en lo económico...nada en plata!... es eso lo que realmente importa?...sus valores, sus experiencias de vida, sus relaciones con sus iguales, su aprendizaje habrá sido exitoso?...o agregaremos otro resentido, acomplejado, competitivo, individualista y egocéntrico a este mundo?

Otra realidad del porte de un buque es que la crianza de un niño es similar a la construcción de un edificio. Si lo hacemos mal, será debil y podría caerse con cualquier terremoto. Si lo hacemos bien, será fuerte y aguantará vientos y lluvias...ah!, pero es muy caro...claro que es caro, no en dinero sino en tiempo y dedicación. Eso es costoso, complicado y extenuante. Nadie dijo que la educación de un niño era tarea fácil pero es nuestra RESPONSABILIDAD. Palabra que no nos gusta escuchar ni usar porque no fuimos enseñados a usarla. Lo vemos a diario en la TV...buscamos responsables en todo, en la dictadura: asesinos, terroristas, políticos, en la democracia: desfalcadores, los negociados, los arreglines, coimeros, lobbystas, cientos de caraduras que nunca han sido responsables de NADA. Yo pienso que no es casualidad que los resultados sean los esperados...somos una sociedad sin responsables, porque nosotros en nuestro propio seno familiar no nos sentimos responsables.

El acto de la responsabilidad se genera en la madurez del aprendizaje. Cuando aprendemos que somos responsables de algún acto y que frente a un error en nuestro accionar no somos castigados sino enseñados a conocer sus consecuencias y aprender acciones que modifiquen el error para tratar de no volver a cometerlos, vamos creciendo con una buena enseñanza. Por eso es tan importante no reprender a una caída sino enseñar a levantar. Eso genera fortalezas internas, genera espectativas y genera positivismo frente a infinitas barreras que tendremos que atravezar en el camino de la vida. Más fortalecido estará un niño que es dirigido, observado y apoyado en ese camino. Más seguro tendremos a un niño que se siente respaldado y alentado a seguir adelante. Más sabio será ese futuro anciano y más podrá enseñar a nuevas generaciones.

No crear competencias dentro del grupo familiar. La familia lo es TODO. Dentro de ella solo debe existir acogida. Es el nido donde los polluelos se desarrollan. Es el único lugar donde debiese haber protección, espacio y cariño.
El espacio es imprescindible para dejar hacer. La sentencia típica "esta es MI CASA y mientras vivas en ella se hará lo que yo diga" es lapidaria para crear pertenencia, sentirse acogido y crear espacios. Los padres denotan inseguridad y demuestran que han sido rechazados en su niñez y, al obtener bienes económicos que demuestran falsamente "su éxito", hacen ver (como niños) que ahora "por fin" tienen algo qué mandar y donde son reyes y señores y todos deben rendir pleitesía. Así no se crean vínculos con el niño. Así sólo se crean resentimientos, desapego por lo familiar, desinterés por todo lo perteneciente.

Los niños criados así, vuelven a cometer el mismo error cuando por fín ellos obtienen su casa y reclaman las mismas reglas con que fueron enseñados.

Hay que tener entereza y gran madurez para compartir lo logrado, el bien: la casa, es centro de enuentro y no de desencuentro. es necesario que los padres hagan ver a sus hijos que son tan dueños de ella como ellos mismos y que es necesario compartir sin anular al otro, como es de todos, todos deben colaborar por mantener la armonía y el respeto por el espacio de cada uno de los integrantes de la familia. Los éxitos económicos sólo son completamente valorados y disfrutados cuando logran ser compartidos entre quienes amamos. Leer "El gigante egoísta" de Oscar Wilde.

"No puedo participar porque no entiendo tus juegos". Esa es una premisa que demuestra flojera y desinterés por el mundo del niño. es más fácil decir "no entiendo y por lo mismo, no voy" a decir "no entiendo, explícame en qué consiste". Este último paso es trascendente para la realización de un niño, el que sus padres se interesen por su mundo, le pregunten, se introduzcan en su mundo, sin sentencias ni juicios, jugar a ser niños de nuevo, comprender desde la perspectiva de su pequeña e imaginaria mente el cómo dibuja un dragón, una vaca azul, un sol verde una casa redonda, sin corregir, sólo advirtiendo su mundo y comprendiéndolo desde su punto de vista, podremos entregar confianza, resolución y decisión en tomas de decisiones futuras. Le estamos entregando fuerza para encarar disyuntivas y saber resolver en su camino de vida.

Muchas veces, los adultos se equivocan, los padres son adultos, por lo tanto, los padres también se equivocan. la imagen de padres omnipotentes, distantes desde el Olimpo y ajenos a toda humanidad ya es atemporal y añeja. Cuando los padres cometen errores y saben percibirlos como, por ejemplo, un castigo excesivo por tensión en el trabajo, es fundamental el acercarse a la pieza del niño, pedir permiso para entrar en SU espacio y sin tocarlo ni tirarsele encima, sin arrepentimientos excesivos como llantos desmedidos, con palabra serena y calmada, con un lenguaje que él entienda: sencillo, sin adornos ni aburridas explicaciones, los padres deben pedir disculpas. Deben hacerle ver al niño que todos cometemos errores y no es ridículo ni mal visto que un adulto pida disculpas por un error cometido. Recalco que es una disculpa, no es un perdón, ni es una justificación por lo hecho. Jamás deberán justificarse los padres haciendo entender al niño de que su mala acción fue producto de esto o aquello. Eso no es entendible para el niño y le damos una explicación a una mala actitud y que es poco menos que "comprensible".

Los padres piden disculpas y esperan que el niño responda a la actitud de ellos. Los niños pueden aceptar o callar, jamás debemos obligar a dar una respuesta. Si hay silencio hay que retirarse para que el niño procese la información y se sienta relajado para sentir que no cometio un error y olvidará lo sucedido y lo más probable que al otro día reaccione con un beso o una sonrisa y demuestre su amor a sus padres. Si por el contrario, el niño acepta las disculpas viene el abrazo y la hermosa reconciliación llena de afecto, amor y ternura que todo niño aprecia y valora de sus padres.

Nunca hacer comparaciones odiosas. "Y cómo Pedrito se saca mejores notas que tú?" ...es necesario atacar su ego?, es necesario hacerlo sentir un perdedor?, estamos generando odiosidades gratuitas, el niño rechaza a la persona comparada, siente resentimiento, angustia, incomprensión de sus padres y desvaloración a él por un ser ajeno. La competencia no se enseña creando odiosidad ni recelo. La competencia se enseña valorando lo realizado por el niño, haciéndole ver que cada día es capaz de mayores logros, obteniendo premios por metas alcanzadas en caso de niños pequeños, ofreciendo paseos en familia si se logran objetivos deseados. Haciendo ver lo gratificante que es para toda la familia el que el niño sea exitoso. Y lo importante que es para la familia el que lo logre. Todo premio debe necesariamente ir acompañado de afecto y demostración de amor.

Hay que enseñar con el ejemplo. es importante que así como hemos visto los valores y actitudes positivas, es muy importante diferenciar qué somos, cuáles son nuestras virtudes y nuestros defectos. Perfectos no somos y eso ayuda bastante, nadie lo es.
Los padres deben hacer ver a sus hijos que hay cosas que no son fáciles, que todo cuesta y que a veces no somos capaces de hacerlas con la celeridad que se pide. Los niños también deben darse cuenta de eso. No son niños modelo, no son genios ni grandes pensadores, no son bellos para sentirse dioses ni seres inalcanzables. Son preciosos por lo que son como personas, son grandes en las capacidades que están desarrollando, eso sí. La valorización de nuestro yo debe ser equilibrada y valorada en su justa medida. Hay que asumir que nuestros hijos deben ser considerados mejores que nosotros mismos para crear en ellos un mejor ser humano que lo que hemos podido lograr por nuestra cuenta.

El temor al ridículo, tan presente en la adolescencia y permanente hasta comienzos de la vejez, es un problema que debemos los padres disminuir lo mejor posible en la niñez. El no mofarse del niño, aceptar y aplaudir sus dibujos, sus esculturas, sus propias creaciones, el hacerlo participar de conversaciones moderadamente dentro de su comprensión, el tomar su opinión, el acompañar en la equivocación y responder con una muestra de afecto reafirma su opinión y anula el temor a ser diferente, algo por lo cual, en la adultez es recompensado tarde o temprano. La historia así lo demuestra.


Jugar a la ironía, no ser tan graves en nuestras apreciaciones, jugar a comprendernos y comprendernos jugando. Es importante dejar el traje de padre adulto, serio y formal y chasconear el diario vivir, evitando la rutina, mejorando el sentido del humor, herramienta indispensable para sobrellevar momentos dificiles cuando el niño sea adulto. No hay que olvidarse que también fuimos niños y que los recuerdos siempre quedan en nuestro interior.

Ser padres es una aventura tremendamente apasionante, llena de problemas pero con enormes satisfacciones desde el primer hecho que traemos una vida a este mundo. Este mundo que ya bordea los 7.000 millones de habitantes en un espacio que no crecerá y el alimento no abundará. Cabe preguntarse: qué mundo dejaremos a nuestros niños?...es realmente útil seguir en esta estúpida vorágine de consumo, egoísmo, indiferencia, carentes de indulgencia, empatía por el dolor ajeno y la busqueda incesante de nuestro propio placer?...hasta dónde llega el límite de esa búsqueda personalista. No cazábamos mamuts en grandes grupos, no aprendimos hace más de 2.000 años que un hombre nos enseño que había que amarnos por sobre todas las cosas?.... A qué tendremos que llegar para hacer un cambio estructural en nuestras vidas para una comunidad armoniosa entre semejantes y con la naturaleza.

Es dificil, muy dificil lograr ese cambio social. Mientras dejamos que nuestras ilustradas autoridades se pongan de acuerdo, se hace necesario adelantar la tarea de hacer familia en casa, entregarnos ese espacio tan minúsculo y poco valorado donde les demos a nuestros hijos algo que también será recompensado con creces en nuestros corazones: amor.

viernes, 22 de enero de 2010

Cinechitá?


Leyendo este domingo el diario El Mercurio, un reportaje al cine chileno cuyo subtítulo decía: “avanzando en reversa”. Se exponía de la calidad de éste, que había mejorado, mas, en el aspecto comercial, cedía terreno y se planteaban preguntas y opiniones de diversos personajes relacionados.

La recaudación por entradas para ver cine chileno está disminuyendo cada vez más. Las razones esgrimidas son muchas y variadas. Desde los temas elegidos para plasmar en celuloide, la falta de marketing, la competencia circundante (dvd, cable), el “monopolio” de los grandes distribuidores y sus megaproducciones (Batman, Harry Potter, Avatar, etc.) , la falta de apoyo del Estado o el escaso dinero del Fondart que, en definitiva subsidia en un 60% a 80% el financiamiento de un film. Etc., etc.

Argumentos, opiniones y pronósticos hay miles y muy diversos. Desde que el cine se ha transformado en un espectáculo para adolescentes (Fouget), la duda de hacer cine masivo o étnico (Pereira), la drástica sentencia de Fernández: el cine chileno es menospreciado, y una autoridad del Consejo de las artes que, plantea lo de siempre: estamos trabajando…, tenemos que evaluar…, hay mucho por hacer…, tenemos poco público…(poca plata, pocas salas, todo poco!), no hay una manera de hacer las cosas (es decir, no tienen idea cómo hacerlas!), en fin.

Lo que me indujo a escribir y opinar sobre esta materia fue un párrafo donde se deja ver que podría haber una “ley” proteccionista similar a la de Corea en el año ’67 (más de 40 años!!) en que se obligaba a exhibir producto nacional. Ahí caí en una especie de catalepsia artística y me decidí a escribir. Cómo es posible que todavía exista una opinión que plantee siquiera tamaña estupidez!. Así que puede que alguna mente brillante del Senado o la H. Cámara de Diputados podría iluminarse y plantear un proyecto de ley de esta envergadura?, sería posible?, claro que sí, pues, si hay de todo en la viña del Señor!

Pensarían que una ley podría cambiar nuestros hábitos de consumo?...yo creo que no. Es que el tema es muy diferente al cómo lo están enfocando todos estos personajes. Y lo voy a explicar con una breve reseña histórica:

Chile ha seguido la influencia europea desde el inicio de la Conquista hasta, me atrevería a decir, 1973. Desde el inicio de la independencia hasta el término de la democracia. Más de cien años de tener Europa como norte en nuestras costumbres, tendencias políticas, culturales, socioeconómicas e intelectuales.

Con la irrupción del Gobierno militar se optó por la adopción de nuevas doctrinas las que llegaron de los EEUU, concretamente de los llamados “chicago-boys”, jóvenes re-educados en universidades norteamericanas (Chicago, Yale, Harvard, Princeton) y que implantaron la “nueva” cultura del norte: el consumo, y la economía de mercado.

Así fue. El mercado fue la brújula de todo accionar y regulación posible en aquella época. La revolución mercadotécnica, la oferta y la demanda, las curvas, sus elipses y parábolas. Todo fue respondido en función de estas variables, céteris páribus, como decía mi profesora de economía.

Como fue un gobierno represivo para quienes no comulgaran con sus políticas imperantes hubo dos grupos de perjudicados: los que se fueron (exiliados) y los que se quedaron, todos ellos afines a partidos de centro-izquierda.

El fenómeno social acá se torna interesante. Quienes se quedaron en Chile, se les produjo una especie de criogenia espacio-temporal, es decir, con el dolor y drama de la pérdida de sus familiares, amistades y gobierno, sus capullos se cerraron a todo aire de cambio y modernidad imperante y que viniese del lado opuesto, centro-derecha. Dicho más claro, se congelaron en su concepto de influencias, percepciones, ideales, y proyectos de vida. Quienes se fueron del país, voluntariamente unos y obligados otros, se distribuyeron precisamente por quienes habían sido sus aliados políticos, ideológicos y económicos, Francia, Italia, Alemania del Este, Rusia, entre los principales. En ambos casos la influencia europea seguía intacta.

Cuando 17 años más tarde, el país retorna a la democracia, asumen el gobierno quienes habían sido oposición durante todo ese largo período. Por lo tanto, se formó una mezcolanza de influencias que sigue en pugna hasta nuestros días: la influencia europea que traían los retornados y quienes se quedaron contra la influencia americana, su mercado y su way of life.

Gran parte del sector artístico chileno que se fue del país era de la corriente europea, las nuevas generaciones crecieron allá, se educaron allá, se formaron socialmente allá. Por lo tanto, la visión artístico-cultural que impera…imperaba en Chile era europea.

Volviendo ahora al tema que nos convoca: el cine, el concepto europeo de realización cinematográfica es llamado “cine de autor”, esto quiere decir que la ideología, el proceso y la proyección va de la mano de su realizador, director. Es éste quien decide qué filma, cómo lo filma, edita, distribuye y proyecta. No hay una mano comercial de por medio, sino, “artística”. Desde el punto de vista netamente personal y unidireccional. Puede llamarse como quiera: performance, avanzada, visión personal, introspectiva, ensayo, realismo, purismo, etc. Pero, en definitiva eso es. Y eso es lo que aprendieron quienes practican el cine en Chile, lo enseñan, lo divulgan y…lo dirigen e influencian a nivel político.

Para evidencia de lo que digo, directores como Luc Besson (Nikita, 5° elemento), Roland Emmerich (el dia de la independencia, el día después de mañana, 2012), Alfred Hitchcock, francés, alemán e inglés respectivamente, los exiliaron o se autoexiliaron pues no calzaban con la filosófica doctrina europea de “hacer cine”.

Por otra parte, el sistema americano de hacer cine es diametralmente opuesto y ofende en lo más profundo el sentido artístico europeo. Aquí se le llama “Industria del Cine”. El gringo optó desde la maquinita de Thomas A. Edison a ganar dinero con este medio y de ahí su nombre: industria. Análogamente a una fábrica automotriz de Henry Ford, acá el cine pasa por diferentes etapas, por diferentes manos, donde entra un perno y sale un automóvil, acá entra un productor, consigue un director y actores, filma, se va, pasa a un editor, se va. Sonido, efectos, distribución y venta, perdón!, exhibición.

Chile tiene una población pequeña, por lo tanto, su mercado es reducido. Entonces se debe optimizar este proceso artístico. Para ello, no debemos aplicar políticas proteccionistas, ni necesariamente aumentar los fondos fiscales Fondart (bienvenido sea si se hace, todo sirve), ni pensar en abrir salas “especiales” para cine chileno…qué significa eso!!, por Dios!, lo que hay que hacer son dos cosas:

1. Aplicar una simple ecuación

2. Afrontar este movimiento desde el punto de vista del mercado: un “minimarket” del cine chileno, o mini-industria.

En lo primero, me refiero a que es simple: no se puede gastar más de lo que entra, vale decir, se conocen los movimientos de público, los tipos de películas que se ven según los tiempos. Esa información existe. Por qué el empresariado chileno no invierte en cine? y sólo lo hace caritativamente el Estado y BancoEstado cobrando sus intereses acogotando a los soñadores artistas cuando las cosas salen mal (que es casi siempre). Una, porque el cine es un negocio extremadamente riesgoso cuya tasa de pérdida es altísima. Además no existe un mercado que mueva, estudie, maneje y olfatee este negocio porque, repito, no es una industria, y por lo demás no se sustentaría, quién lo paga?, papá Fondart?. Dos, porque los llamados inspirados artistas cobran tan caro por su performance que ningún empresario está dispuesto a arriesgar mucho dinero que lo más seguro es que lo pierda. Así que estos creadores recurren a coproducciones donde hacen un arca de Noé de protagonistas, dependiendo de quién pone más lucas, si es español, la jovencita es española, y así si es mexicana, italiana o saudita. Entonces la cosa se torna confusa, el guión se corrompe, la historia pierde fuerza, y se llega a un fracaso de taquilla y desesperados, sus autores corren con sus carretes (película) a todos los festivales que sus productores pueden pagarles para ver si gana algo aunque sea en los Balcanes.

Por lo tanto, hay que abaratar costos drásticamente en la producción de un evento fílmico. Si hacer una película cuesta $5.000.000 (US$10.000) el escenario de estirar la manito se vuelve perfectamente posible, a menos privados se les riscará la nariz y financiar una película hasta se les hace “cool”!...las ganancias son más posibles incluso con poca afluencia de público, el Fondart alcanzaría para lo que no se pudo conseguir: publicidad, marketing, merchandising, viajes, hasta ProChile podría poner su granito de arena y molestando a los indigestados embajadores. Y lo que digo no es una herejía, caballero! diría Fidel, si no pregúntenle al ganador del festival de Sundance en 1993, que con míseros US$7.000.- obtenidos como conejillo de indias para probar medicamentos en laboratorios de USA, hizo su opera prima “El Mariachi”, Robert Rodríguez.

Como punto a favor, tenemos que la tecnología existente ofrece variadas formas de concretar sueños fílmicos, a través de cámaras de alta resolución, software de edición digital, efectos visuales y sonido que hacen más económica la realización cinematográfica.

Entonces: sí se puede!

En lo segundo, terminar con el capricho de ser una segunda Europa, porque pelear contra gigantes como EEUU y su tremenda influencia mundial, es, para ser realista, imposible. Allá dejemos a los europeos con sus ideas ortodoxas, para eso tiene excéntricos millonarios que aburridos de ganar plata explotando países pobres les da por la conciencia social y crean el cirque du soleil, experimentos de 3 horas, como los de Kieslowsky, Herzog, y tantos más. No somos Herzog ni creo lleguemos a su altura pero por esa vía, por cierto que no lo lograremos.

La idea es que se cree una industria de cine económico, con grandes talentos emprendedores, que usen su máxima creatividad y desarrollen su arte en las condiciones más duras, eso les formará oficio, les enseñará a trabajar con mínimos recursos y a desarrollar la eficiencia para maximizar los recursos. Con ensayo-error, ensayo-error, en algún momento, en el momento menos esperado saldrá un Spielberg, un Lucas, y esos éxitos darán espacio para el cine de autor que será más esporádico, pero el mercado sabrá hacer un nicho para dichas performances, para esas expresiones íntimas, tales como Schindler’s List, El gran pez, El Padrino, Gone with the wind, Casablanca, Citizen Kane, Fargo, Vértigo, La Diligencia, Psycho y tantas otras joyas del Cine mundial que podría tener a un chileno en esa lista, algún día. Ojalá no sea en una galaxia muy, muy lejana...